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Sostenerse a pesar de la incertidumbre, por Ben Schneider

06 de enero del 2022 | 00:00
Por Ben Schneider, director del MBA de Pacífico Business School

El saber manejarse en tiempos de incertidumbre constituye la clave para conducir cualquier emprendimiento en la actualidad.

El 2020 ha sido una alerta de lo que nos podría plantear la presente década. Las organizaciones van a tener que desarrollar y consolidar competencias para resistir amenazas impredecibles y emerger victoriosas y más fuertes tras cada suceso. A esto se le llama resiliencia.

Ser resilientes es difícil de lograr. A pesar de que el mundo viene experimentando cambios a velocidades vertiginosas, la mayoría de las empresas están concentradas en preservar sus ingresos de corto plazo. Para ello, asumen que las condiciones de sus negocios permanecerán relativamente estables a pesar de las evidencias en contrario.

La 'avalancha' digital, la incertidumbre política y social, el cambio climático y los eventos altamente disruptivos como la pandemia, hacen prever la presencia futura de sucesos impredecibles e incontrolables, para lo cual debemos prepararnos.

Hay seis dimensiones a las que hay que prestarle atención para fortalecer la resiliencia empresarial.

¿Cuáles? La dimensión financiera, organizacional, operacional, tecnológica, la estructura del modelo de negocios y la reputacional.

Así, para lograr la resiliencia financiera, será necesario balancear nuestros requerimientos de corto y largo plazo. La resiliencia tecnológica nos demandará el invertir en estructuras computacionales seguras y flexibles. La resiliencia operacional deberá mantener nuestra capacidad productiva, considerando cambios en la demanda, y resistir a las disrupciones en el proceso productivo y en la cadena de suministros.

La resiliencia organizacional requerirá un capital humano con potencialidades diversas, atraer talento y retenerlo. La resiliencia de la estructura del modelo de negocios nos demandará el concebirlos con la debida prospectiva, interiorizando los cambios de preferencia de los consumidores, así como los efectos de la disrupción digital, marcos regulatorios, entre otros.

Por último, la resiliencia reputacional nos exige alinear nuestros actos con los valores y propósito que la organización propugna.

La incertidumbre nos obliga a ubicar la resiliencia en el centro de la estrategia y a asignarle los recursos necesarios para convertirla en nuestro más preciado seguro, para responder con éxito a las exigencias de la década.

La columna fue publicada por el diario El Comercio en la edición del 27 de diciembre del 2021. 





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