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La batalla contra los pesimistas y su afán por ver el vaso medio vacío

07 de julio del 2020 | 00:00
​Usted está empezando una reunión de un proyecto importante programando actividades y al estimar plazos y factibilidades de actividades y objetivos, dos personas del equipo sostienen que es muy probable que se incumpla lo anhelado, ya sea porque todo demoraría más de lo previsto, se darían hechos inesperados o la competencia sería más rápida al reaccionar.  Dichos comentarios se basan no solo en algunas experiencias pasadas sino también en el pesimismo de estos dos colaboradores y logran generar serias dudas sobre el éxito del proyecto, desmotivando a muchos. 

¿Porqué el pesimismo y la negatividad pesan tanto en ciertos emprendimientos directivos?  ¿Qué tanto pesan las experiencias pasadas en nuestra previsión del futuro? ¿Porqué tendemos a recordar mucho más los sucesos negativos de nuestra vida en contraste de los positivos?  ¿Cómo podemos lograr que los colaboradores pesimistas no desalienten a los optimistas? ¿O deberíamos de rodearnos solo de gente optimista? 

Lo bueno y agradable, así como lo malo y lo feo, es entendido e identificado por cualquier persona con mínima capacidad lingüística -como niños pequeños- e inclusive por ciertos animales. Por bueno entendemos lo deseable, beneficioso o placentero, ya sea a nivel de sensaciones o consecuencias, mientras que por malo entendemos lo contrario, que es lo indeseable, dañino o doloroso. 

El sesgo de lo negativo
Una pérdida monetaria es más dolorosa que una ganancia equivalente en magnitud, una única pésima recomendación sobre un restaurante que encontremos en redes sociales borra la impresión que nos pueden causar muchas buenas recomendaciones y una frase ofensiva de nuestra pareja en medio de una acalorada discusión nos puede hacer olvidar decenas de instantes memorables a su lado.  Las malas experiencias nos producen efectos más prolongados, multifacéticos y duraderos en contraste con las buenas, por lo que una impresión desafortunada suele dejar de lado una buena.  

El sesgo de lo negativo explica porqué los países llegan a guerras devastadoras, porqué nos divorciamos, porqué somos rechazados en entrevistas de trabajo y porqué las universidades se deshacen de ciertos estudiantes.

¿Optimismo vs. Pesimismo?
El optimismo y el pesimismo tiene que ver con nuestras expectativas sobre futuros sucesos, lo que se relaciona con nuestra motivación.  Al esperar los optimistas buenos acontecimientos, serán más propensos a experimentar una mezcla de sentimientos positivos, mientras que al esperar los pesimistas malos acontecimientos, será más probable que experimenten sentimientos negativos, como ansiedad, tristeza y desesperación.

Diversos estudios concluyen que el optimismo está relacionado a una buena salud, como es el caso de menor riesgo de mortandad en pacientes con cáncer, recuperaciones más rápidas tras operaciones al corazón y mejores niveles de salud en hombres en riesgo de Sida y mujeres embarazadas. 


Por César Antúnez de Mayolo, docente de Pacífico Business School.
La columna completa fue publicada en el diario Gestión en la edición del 2 de julio del 2020. 

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